BIO

O REI

Los recuerdos futboleros para mi generación son tan, o más nutridos, que los políticos. Hemos tenido ese privilegio.
Recuerdos, por otra parte, de una intensidad tal que, aún siendo chicos, la convulsión que generaron en el mundo adulto nos marcaron la infancia a fuego.
A mis 3 años mi San Lorenzo se consagraba como el primer campeón invicto del fútbol argentino, a los 5, Brasil del 70 maravillaba al mundo, a mis 7, San Lorenzo salía bicampeón y Perón volvía a la Argentina después del exilio, a mis 8, el peronismo regresaba al poder con el Tío Cámpora, a los 9, el General pasaba a la inmortalidad y a los 10, la noche más triste comenzaba a fines de un trágico mes de marzo.
A casi un año de aquel otoño del 76, recuerdo ver en una TV en blanco y negro que había en la casa quinta de mis primos, la despedida de Pelé en el Cosmos de NY. En esa misma TV vi, por aquellos años, la pelea de Galíndez vs Kates y en la que por las noches los adultos veían Piel Naranja, aquella telenovela de Migre con Marilina Ross y Arnaldo André.
Pelé para mi generación era un puñado de jugadas repetidas en la tele y el relato entusiasta de los mayores. Un triple campeón mundial que se había consagrado con apenas 17 años. Una especie de superhéroe del fútbol. No decíamos Pelé, decíamos el Rey Pelé.
Todavía faltaban un par de años para que al Rey lo sucediera un Dios del Fútbol y encima argentino, y casi 25 para la llegada del Mesías y también argento.
Agradezco a Pelé el haber sido uno de esos seres mitológicos de mi infancia, en esos años donde los gustos de van cocinando a fuego lento.
Privilegios de mi generación, el de haber sido atravesados por tantos estímulos, y mucho más siendo argentino, futbolero, cuervo y peronista.

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